El pasado viernes, la Fuerza Interina de Naciones Unidas en Líbano (FINUL) vivió un episodio que ha encendido las alarmas. Más de un centenar de disparos del Ejército israelí se escucharon cerca de sus patrullas en la gobernación de Nabatié. Incidentes así ya no son una rareza; se están convirtiendo en una tendencia preocupante.
Un día más, la paz amenazada
Los pacificadores, esos valientes ‘cascos azules’ que intentan mantener la calma en una región convulsa, patrullaban cerca de Kafer Shouba cuando recibieron quince disparos a escasos 50 metros. ¿Y qué pasó después? Menos de veinte minutos tras este primer susto, otra patrulla reportó aproximadamente un centenar más de disparos de ametralladora.
Desde la FINUL han dejado claro que el fuego provenía directamente de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), al sur de la famosa Línea Azul. Ante tal situación, no tuvieron más remedio que pedir un alto el fuego a través de sus canales habituales. Lo más sorprendente es que ya habían avisado previamente a Israel sobre su presencia en la zona, siguiendo lo que hacen siempre en estos lugares tan delicados.
“Estos incidentes son demasiado frecuentes y se están convirtiendo en una preocupación seria”, afirmaron desde la FINUL. También señalaron que estas acciones son “graves violaciones” a la resolución 1701 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Un recordatorio claro: los ataques contra los pacificadores o cerca de ellos no solo ponen en riesgo sus vidas, sino también todo el esfuerzo por construir un entorno pacífico.
A pesar del supuesto alto el fuego acordado en noviembre pasado, Israel ha continuado con su política belicista lanzando bombardeos sobre Líbano bajo el pretexto de actuar contra Hezbolá. Tanto Beirut como este grupo chií han mostrado su desaprobación ante tales actos, lo cual también ha sido condenado por Naciones Unidas. Y mientras tanto, el Ejército israelí mantiene cinco puestos dentro del territorio libanés; algo muy criticado por las autoridades locales y exigen su retirada inmediata.

