En una calurosa mañana de diciembre, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su homólogo ucraniano, Volodimir Zelenski, se han reunido en la lujosa residencia de Mar-a-Lago, en Palm Beach, Florida. Este encuentro tan esperado gira en torno a la posibilidad de un acuerdo de paz con Rusia. «Estamos viendo los últimos trazos de lo que podría ser un pacto», afirmaba Trump justo antes de entrar a su mansión, junto a Zelenski.
Trump no ha dudado en expresar su optimismo: «Creo que estamos cerca del final de las negociaciones», decía al salir al jardín. Y es que no es para menos; ambos líderes son conscientes de que si no se llega a un entendimiento pronto, la guerra con Rusia puede extenderse indefinidamente. En esta reunión evaluarán el plan de paz propuesto por el mandatario estadounidense y también la contrapropuesta presentada por Zelenski, quien es bastante escéptico sobre ceder territorios a cambio de promesas.
La búsqueda del consenso
Durante la conversación previa con Putin, Trump dejó claro que quiere encontrar una solución viable para todos. «Tenemos los elementos necesarios para llegar a un acuerdo beneficioso para todos», insistió el presidente estadounidense. Y mientras él charlaba con Zelenski sobre las posibles repercusiones económicas y la gran reconstrucción que necesita Ucrania tras el conflicto, también enfatizó lo valiente que ha sido su homólogo: «Este caballero ha trabajado muy duro».
Las palabras finales de Trump resonaron con fuerza: «Ambas partes quieren la paz». Una afirmación sencilla pero poderosa. Es claro que tanto el pueblo ucraniano como el ruso anhelan terminar con esta pesadilla y es este deseo compartido lo que podría abrir las puertas hacia una nueva era.

