El pasado sábado, la tranquilidad de una carretera en el estado nigeriano de Zamfara se vio destrozada por la brutalidad de la violencia. Al menos nueve vidas se apagaron cuando dos artefactos explosivos improvisados, presuntamente colocados por bandidos, estallaron en el área de Maru. La primera explosión fue devastadora: cuatro personas perdieron la vida y dos motocicletas quedaron hechas trizas. Pero eso no fue todo; una segunda detonación cobró cinco vidas más y arrasó un remolque cercano. Un horror que deja a todos sin palabras.
La sombra del miedo acecha a la comunidad
Yazid Abubakar, portavoz de la Policía de Zamfara, ha asegurado que los detalles sobre lo ocurrido aún son confusos. Sin embargo, lo que está claro es que ya se han puesto en marcha las investigaciones para tratar de desentrañar esta tragedia. En los últimos años, el aumento de la inseguridad ha dejado una huella profunda en Nigeria; antes concentrada en el noreste del país con grupos como Boko Haram y su escisión del Estado Islámico en África Occidental (ISWA), ahora también afecta a zonas del centro y oeste, donde bandas armadas campan a sus anchas.
No podemos ignorar esta realidad; cada día nos enfrentamos a situaciones que parecen sacadas de una pesadilla, mientras las comunidades luchan por encontrar paz y seguridad entre tanto caos. Es fundamental no dejar que estas historias caigan en el olvido.

