El 26 de diciembre en Madrid fue testigo de una situación tensa y, a la vez, reveladora. Las fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina decidieron actuar y se desplegaron en Salfit, un lugar del centro-norte de Cisjordania. Todo comenzó cuando un grupo de colonos israelíes intentaba asaltar la localidad. Según informaron fuentes locales a la agencia Maan, los colonos estaban a las puertas del pueblo, listos para cruzar la línea que separa el conflicto.
Una respuesta inusual pero necesaria
Aunque los colonos decidieron retirarse por el momento, las fuerzas de seguridad palestinas no han bajado la guardia. Se mantienen alerta, apostados en las cercanías para evitar que estos vuelvan a acercarse y repitan sus incursiones. Esto no es solo un hecho aislado; es parte de una problemática histórica que ha crecido exponencialmente desde el inicio del conflicto en Gaza este año. Este verano, hemos visto cómo los agricultores palestinos han sido atacados casi a diario mientras recogían sus aceitunas, uno de los bastiones económicos más importantes para ellos.
Y como si esto fuera poco, recientemente cinco israelíes fueron detenidos por su participación en un ataque contra Sair, donde una bebé palestina resultó herida. La situación es crítica: según Naciones Unidas, desde el 7 de octubre más de mil palestinos han perdido la vida en Cisjordania debido a acciones militares o ataques por parte de colonos radicales. De hecho, antes incluso del 7-O ya estábamos viendo cifras alarmantes; nunca habíamos registrado tantos muertos desde la Segunda Intifada hace dos décadas.
La realidad se presenta dura y desgarradora para muchos y lo cierto es que necesitamos visibilizar estas historias humanas detrás del conflicto. ¿Hasta cuándo seguiremos ignorando este sufrimiento?

