En un giro que ha sorprendido a muchos, el Gobierno japonés ha aprobado un presupuesto récord para su defensa de cara al año 2026. Con un incremento del 9,4% respecto al año anterior, la cifra se eleva a unos 8,8 billones de yenes, aproximadamente 47.800 millones de euros. Todo esto sucede en un contexto marcado por el aumento de las tensiones con China, algo que no puede pasar desapercibido.
Takaichi y su apuesta por una defensa robusta
Sanae Takaichi, la primera ministra japonesa, ha dejado claro que su intención es fortalecer las capacidades militares del país. Durante la campaña electoral, ya prometió aumentar el gasto en defensa hasta alcanzar el 2% del PIB para marzo próximo. Un plan que se anticipaba para 2027 pero que ahora parece acelerarse. ¿A qué viene esta urgencia? La respuesta podría estar en sus propias palabras: Japón actuará con medidas «contundentes» si alguna vez China decide atacar Taiwán.
Mientras tanto, desde Pekín han reaccionado ante este aumento presupuestario. El portavoz del Ministerio de Exteriores chino no se ha cortado al señalar que estas decisiones ponen en entredicho la imagen pacífica que Japón quiere proyectar. «¿De verdad buscan solo una política defensiva?», se pregunta Lin Jian mientras critica lo que él llama una clara militarización por parte de Tokio.
No olvidemos que hay un trasfondo histórico aquí; los países asiáticos miran con recelo cada paso militar de Japón debido a su pasado bélico. Así lo enfatiza Pekín: «Japón se aleja cada vez más de su compromiso con el desarrollo pacífico» y avanza hacia aguas peligrosas.
No está claro cómo acabará todo esto, pero lo cierto es que las decisiones tomadas hoy pueden tener repercusiones durante mucho tiempo. En definitiva, estamos ante un momento crucial donde los caminos elegidos podrían determinar no solo el futuro de Japón sino también la estabilidad en toda la región.

