MADRID, 3 Abr. (EUROPA PRESS) – Este jueves, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) han dado un aviso alarmante: más de 250 miembros del Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás), incluyendo a una docena de altos mandos, han perdido la vida debido a los intensos ataques israelíes desde que comenzó la ofensiva en Gaza a principios de marzo. Avichai Adrai, el portavoz del Ejército israelí que habla árabe, ha sido claro al señalar que se han atacado unas 600 infraestructuras relacionadas con Hamás, eliminando a decenas de terroristas implicados en los trágicos acontecimientos del 7 de octubre.
Una escalada brutal en el conflicto
Adrai no ha dudado en describir esta fase como parte de la Operación Orgullo y Espada, cuyo objetivo es doble: recuperar a los soldados secuestrados y desmantelar las capacidades militares y gubernamentales de Hamás. No obstante, su estrategia incluye mantener lo que llama una “ambigüedad operativa”, buscando siempre sorprender al enemigo.
Todavía resuena en nuestras mentes la ofensiva sin precedentes que lanzó Hamás el 7 de octubre contra Israel, resultando en más de 1.200 muertes y 240 rehenes. La respuesta militar israelí ha sido feroz; hasta ahora se reportan más de 50.500 palestinos fallecidos, muchos de ellos civiles, aunque también miles identificados como terroristas. El acuerdo alcanzado en enero para un alto el fuego fue efímero y apenas sirvió para intercambiar a 33 rehenes por cientos de prisioneros palestinos antes que todo volviera a estallar con la reanudación del ataque israelí.
A día de hoy, las autoridades locales controladas por Hamás informan que el número total supera ya los 1.250 muertos y 2.700 heridos. Curiosamente, según lo confirmado por Adrai, menos del 25% serían miembros activos de Hamás. Es un panorama devastador que deja claro cuán complicado es encontrar un camino hacia la paz entre estas dos partes tan profundamente divididas.