En un día que debería haber sido como cualquier otro, las calles de Nablús se vieron sacudidas por una tragedia más. El Ejército de Israel ha acabado con la vida de un joven palestino, Hamza Muhamad Said Jamash, de tan solo 33 años. Las autoridades palestinas no han tardado en alzar la voz y denunciar esta acción en medio del creciente clima de violencia que asola Cisjordania.
Según lo que ha compartido el Ministerio de Sanidad vinculado a la Autoridad Palestina, Hamza fue tiroteado por las fuerzas de ocupación mientras se encontraba en la Ciudad Vieja. “Ha caído mártir”, reza el comunicado en su cuenta de Telegram, reflejando así el dolor y la indignación que sienten muchos ante este nuevo episodio de violencia.
La espiral sin fin de la violencia
Las informaciones aportadas por la agencia WAFA nos cuentan cómo las fuerzas israelíes irrumpieron en su hogar, ubicado en el barrio Yasmín. La redada no solo terminó con su vida; también condujo a la detención de tres personas más, incluyendo a uno de sus hermanos. Este tipo de operaciones se han vuelto cada vez más comunes desde los ataques del 7 de octubre perpetrados por Hamás y otros grupos palestinos. En efecto, ya antes del estallido reciente, los primeros nueve meses del año habían dejado cifras récord en cuanto a muertes en estos territorios.
No es sorprendente entonces que organismos como la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA) adviertan sobre la situación crítica: “Cisjordania se está convirtiendo en un campo de batalla”, afirman con preocupación. La expansión del conflicto y sus consecuencias son evidentes; ¿hasta cuándo continuaremos siendo testigos mudos?