En la madrugada del miércoles, el cielo de Ucrania se llenó de drones rusos. Fueron decenas de estos aparatos lanzados contra diversas regiones, incluyendo objetivos cruciales para la infraestructura energética del país. Volodimir Zelenski, presidente ucraniano, no pudo contener su frustración y cuestionó la sinceridad de su homólogo ruso en el camino hacia la paz. «¿Qué más tiene que suceder para que se tomen medidas?», reclamó.
Las autoridades informaron sobre 74 drones en total, de los cuales 54 eran del tipo ‘shahed’. En Járkov, las consecuencias fueron devastadoras: hubo heridos, entre ellos tres niños. Además, las regiones de Odesa, Sumi y Dnipropetrovsk no se libraron del caos; ya se han reportado daños significativos en instalaciones eléctricas. ¡Casi 4.000 personas se quedaron sin luz!
La desesperación ante un conflicto interminable
Zelenski no ha dudado en calificar estos ataques como “sistemáticos y constantes”, dejando claro que Moscú ignora los esfuerzos diplomáticos impulsados por aliados como Estados Unidos. A su juicio, Vladimir Putin ni siquiera está dispuesto a aceptar un alto el fuego parcial. Y así lo expresó: «No podemos quedarnos esperando hasta el 11 de abril para actuar». Es evidente que urge una respuesta efectiva y tangible.
A pesar de todo este horror, Zelenski mostró su disposición a colaborar con Estados Unidos y naciones europeas para buscar una paz duradera que realmente beneficie al pueblo ucraniano.