En un día que debería haber sido de esperanza, al menos 16 personas han perdido la vida, incluidos varios niños, debido a un bombardeo devastador del Ejército de Israel contra una clínica de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina (UNRWA) en el campamento de refugiados de Yabalia, al norte de Gaza. Este centro, que brindaba refugio a decenas de desplazados por la ofensiva israelí, se ha convertido en otro símbolo del sufrimiento humano.
Un ataque que deja huellas imborrables
Según fuentes médicas citadas por el diario palestino ‘Filastin’, el horror no se detiene ahí: el ataque ha dejado también numerosos heridos y las labores de búsqueda y rescate siguen adelante en medio del caos. El director del Servicio de Emergencia y Ambulancias en el norte de Gaza lo ha dejado claro: “Estamos aquí, trabajando sin descanso”. Mientras tanto, la agencia WAFA informa que el bombardeo provocó un incendio dentro del edificio, añadiendo más tragedia a esta ya desgarradora situación.
No es la primera vez que asistimos a este tipo de ataques; desde que comenzó la ofensiva israelí tras los trágicos eventos del 7 de octubre, las clínicas y escuelas gestionadas por la UNRWA han sido blanco constante. En total, más de 280 trabajadores han perdido la vida desde entonces. ¿Hasta cuándo vamos a permitir que continúe este ciclo sin fin?