En la mañana del 31 de marzo, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) llevaron a cabo un operativo que dejó huella en el corazón de Gaza. La misión, centrada en el corazón de la Franja, tenía como objetivo desmantelar un túnel subterráneo de casi un kilómetro que pertenecía al Movimiento de Resistencia Islámica, Hamás. Lo que comenzó como una acción militar terminó con la vida de más de 50 presuntos miembros del grupo. Las autoridades israelíes no se andan con rodeos y aseguran que esta acción fue parte de una ofensiva diseñada para «ampliar la zona de seguridad» en el norte y centro de Gaza.
Un impacto devastador
Las imágenes compartidas por el ejército muestran cómo el túnel estalla en mil pedazos, pero tras esa explosión hay historias, familias y sueños truncados. Las FDI no solo destruyeron este pasaje subterráneo; también localizaron y desmantelaron un taller donde se producían misiles y lanzadores. En palabras del propio ejército: «Seguiremos operando contra organizaciones terroristas para proteger a los ciudadanos del Estado de Israel». Y así sigue el ciclo doloroso.
No podemos olvidar que todo esto es consecuencia directa del ataque lanzado por Hamás el pasado 7 de octubre, un acto brutal que dejó a su paso cerca de 1.200 muertos e innumerables rehenes. Desde entonces, la respuesta israelí ha sido feroz: más de 50.000 palestinos han perdido la vida, entre ellos muchas mujeres y niños inocentes. La situación es desgarradora.
A pesar del intento fallido por llegar a un alto el fuego a mediados de enero —un acuerdo dividido en etapas para liberar rehenes a cambio de prisioneros palestinos—, todo se vino abajo rápidamente cuando las hostilidades se reanudaron poco después. En medio del lamento colectivo por tantas pérdidas, nos preguntamos ¿hasta cuándo seguirá este ciclo sin fin?