En la madrugada del 27 de marzo, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) y el servicio de Inteligencia Nacional (Shin Bet) confirmaron lo que ya se rumoreaba por las calles polvorientas de Gaza: la muerte de Abdulatif al Qanu, uno de los portavoces más conocidos del movimiento Hamás. No es solo otro número más en una larga lista; él fue considerado uno de los principales instigadores y, según el ejército israelí, actuó como terrorista en las Brigadas Ezzeldin al Qassam, el ala militar del grupo.
Al Qanu no se limitó a dar la cara por Hamás. Utilizó los medios de comunicación como armas, lanzando propaganda y sembrando miedo con información distorsionada sobre las actividades del movimiento. La FDI no ha escatimado en palabras para describir su papel: “Durante años, difundió mentiras e incitó a actos terroristas”, afirman desde el ejército israelí.
Un ciclo que parece no tener fin
Y así seguimos, inmersos en un ciclo implacable. Desde que Israel rompió el alto el fuego hace unos días y reactivó su ofensiva sobre Gaza, más de 850 palestinos han perdido la vida, según fuentes gazatíes. La cifra total desde el inicio del conflicto ya supera los 50.200 fallecidos, dejando tras de sí un rastro doloroso con casi 114.000 heridos.
A medida que los ataques continuaban, Hamás lamentaba públicamente la pérdida de Al Qanu, llamándolo “mártir del movimiento”. Sin embargo, mientras ellos lloran sus caídas, muchos nos preguntamos cuánto más podrá resistir esta tierra desgastada por tanto sufrimiento.