MADRID, 26 Mar. (EUROPA PRESS) – El Kremlin ha salido a la palestra con un mensaje claro: las condiciones que presentan para parar los ataques en el mar Negro y asegurar una navegación tranquila son prácticamente las mismas que ya intentaron antes, cuando su plan se vino abajo en 2023. ¿La razón? Ellos mismos argumentan que la comunidad internacional no cumplió lo prometido. «Esta vez debe prevalecer la justicia», ha insistido Dimitri Peskov, portavoz del Kremlin, justo después de que Vladimir Putin demandara una revisión de las sanciones para facilitar la llegada de productos agrícolas y fertilizantes rusos al mercado global.
Un giro inesperado
Por otro lado, la Casa Blanca ha mostrado su disposición a «ayudar» a Rusia a «restaurar» su acceso a los mercados, permitiendo así que ciertos bienes lleguen a los puertos y facilitando las transacciones económicas. Esto podría interpretarse como una especie de concesión tras años de restricciones por la invasión de Ucrania. Mientras tanto, el Gobierno de Donald Trump actúa como mediador en este lío y esta semana se celebró una nueva ronda de negociaciones en Arabia Saudí. De allí salió un compromiso entre Ucrania y Rusia para trabajar hacia una «navegación segura» en el mar Negro, algo crucial si consideramos la necesidad urgente de exportar cereales.
A corto plazo, uno de los objetivos es frenar los ataques a infraestructuras energéticas. Peskov también ha mencionado que sigue vigente una orden de Putin para mantener una «moratoria», aunque muchos se cuestionan esa supuesta voluntad rusa tras ver cómo han continuado los bombardeos. Según TASS, el portavoz del Kremlin aseguró que seguirán dialogando sobre estos asuntos con Estados Unidos y subrayó que ya hay “buen progreso”. La historia continúa desarrollándose y nosotros estamos aquí para seguirla muy de cerca.