En un contexto donde la justicia debería ser un pilar fundamental, la Misión de Naciones Unidas para Libia (UNSMIL) no ha podido quedarse callada. Ha revelado una alarmante ola de detenciones arbitrarias que están sacudiendo a los jueces y abogados del país. La situación es crítica: cientos de personas están siendo detenidas de forma ilegal, y muchas de ellas se encuentran en condiciones de salud muy precarias.
Un clima de terror
¿Quiénes son las víctimas? En este caso, no solo se trata de disidentes políticos, sino también de profesionales del derecho que simplemente buscan ejercer su labor. Los informes indican que fuerzas de seguridad libias están utilizando tácticas violentas para silenciar cualquier voz contraria. Es una estrategia clara para deteriorar la independencia judicial en Libia, donde el caos político ha sido el pan nuestro desde la caída del dictador Muamar Gadafi hace más de una década.
La ONU denuncia casos desgarradores como el del magistrado Alí al Sharif, arrestado brutalmente el pasado 10 de marzo en Trípoli, o el abogado Munir al Orfi, quien lleva días atrapado en esta espiral sin sentido desde el 12 de marzo en Bengazi. Y qué decir sobre los fiscales militares Mansour Daoub y Mohamed al Mabrouk al Kar, ambos también bajo amenaza y represión.
A esto se suma la historia inquietante del diputado Alí Hasán Jabala, quien pasó más de un año detenido antes de recibir una condena en un juicio lleno de irregularidades. La injusticia parece estar institucionalizada; hay centenares atrapados en esta red oscura.
Y aquí viene lo peor: las confesiones extraídas en vídeo se han convertido en herramientas para humillar a quienes sufren estas detenciones. La ONU señala que tales pruebas deberían ser inadmisibles, y clama por rendición de cuentas para quienes cometen estos abusos sistemáticos.
A pesar del sombrío panorama, hay un atisbo leve pero esperanzador: se ha comenzado a permitir cierto acceso a los centros penitenciarios para investigar violaciones sistemáticas que afectan tanto a migrantes como a criminales. Sin embargo, las condiciones siguen siendo brutales y peligrosas.
Este entorno hostil no solo pone en peligro las vidas individuales, sino que también socava cualquier esperanza por una transición democrática real en Libia. Por eso la UNSMIL renueva su llamado urgente: liberación inmediata para todos aquellos detenidos injustamente y justicia para quienes abusan del poder.