Este domingo, el ambiente en Israel está más tenso que nunca. El Gobierno ha puesto en marcha los últimos detalles de una moción de censura que apunta directamente a la fiscal general, Gali Baharav-Miara. Todo esto sucede en medio de un clamor popular donde la oposición no se queda callada ante lo que consideran una peligrosa deriva autoritaria del primer ministro, Benjamin Netanyahu.
La voz del pueblo se alza contra el poder
Los primeros manifestantes ya están congregándose cerca de la residencia de Netanyahu en Jerusalén. ¿El motivo? Luchar contra sus intentos por deshacerse de Baharav-Miara, quien ha sido una rival política declarada y una piedra en el zapato para él y sus aliados ultraderechistas. La indignación crece también tras la destitución reciente del jefe del servicio de Inteligencia Nacional, Ronen Bar, justo cuando su agencia estaba investigando a Netanyahu y su círculo íntimo por posibles vínculos con Qatar.
Netanyahu ha justificado este cese alegando una «pérdida de confianza» debido a fallos de seguridad durante los ataques palestinos del 7 de octubre. Sin embargo, no es la primera vez que lanza dardos hacia Baharav-Miara, acusándola constantemente de sobrepasar sus funciones e interrumpir su gestión. Pero aquí hay algo más: el propio Netanyahu está bajo investigación por corrupción y ni siquiera podrá estar presente durante el debate sobre esta moción por un acuerdo que limita su participación en cualquier acción relacionada con su juicio penal.
A medida que se completen estos preparativos, Baharav-Miara será llamada a comparecer ante un comité asesor dirigido por el expresidente del Tribunal Supremo, Asher Grunis. Lo inquietante es que este proceso puede extenderse durante meses antes de que se tomen decisiones definitivas. Mientras tanto, las calles siguen resonando con las voces de aquellos dispuestos a luchar por la justicia y la transparencia.