El 22 de marzo, desde Madrid, nos llegan noticias que no podemos ignorar. El Gobierno de Estados Unidos ha decidido enviar al portaaviones ‘Carl Vinson’ a Oriente Próximo. Esto es parte de una estrategia para intensificar las operaciones contra la insurgencia hutí en Yemen, donde el ‘Harry S. Truman’, otro portaaeronaves, ya está haciendo frente a la situación y verá su despliegue prorrogado por un mes más.
Según fuentes del Departamento de Defensa estadounidense, esta decisión ha sido confirmada por el secretario de Defensa, Pete Hegseth. La semana pasada, en un discurso que resonó en los pasillos del poder, el presidente Donald Trump habló sobre el inicio de una «acción militar decisiva y contundente» contra los hutíes. Este movimiento no es solo una respuesta a los ataques lanzados contra la navegación en el mar Rojo; también representa un claro mensaje hacia Irán, quien apoya a estos milicianos yemeníes.
Nueva dinámica naval en el horizonte
El ‘Vinson’, que ha estado realizando maniobras conjuntas con Japón y Corea del Sur en el mar de la China Meridional, llegará a la zona “en las próximas semanas”. Fuentes cercanas al asunto indican que podríamos ver este despliegue finalizado en menos de 21 días. Pero lo que realmente importa aquí son las repercusiones: apenas comenzaron los bombardeos, los hutíes lanzaron un contraataque dirigido al ‘Harry S. Truman’. Aunque esta plataforma ha sido crucial para llevar a cabo la ofensiva estadounidense, afortunadamente no hubo bajas entre su tripulación.
A medida que avanzamos en esta compleja trama geopolítica, debemos preguntarnos: ¿hasta dónde están dispuestos a llegar? Los ecos de este conflicto se sienten lejos y afectan a miles de vidas inocentes que ven sus hogares convertidos en campos de batalla.