MADRID 21 Mar. (EUROPA PRESS) – Este viernes, el aire en la región de Kursk se ha enrarecido aún más. Las autoridades rusas y ucranianas han comenzado a lanzarse dardos envenenados, culpándose mutuamente por la devastación de una estación de gas en Sudzha, un lugar que recientemente ha vuelto a estar bajo control ruso. Todo empezó cuando el Comité de Investigación de Rusia decidió abrir una causa penal, afirmando que los militares rusos habrían accedido a la planta para provocar una explosión intencionada.
Según ellos, esto resultó en daños severos para las instalaciones, y claro, los medios rusos como TASS no tardaron en amplificar esta versión. Pero aquí viene la respuesta ucraniana: tachan estas acusaciones como «infundadas» y hablan de una supuesta campaña orquestada para desprestigiar a Kiev. De hecho, señalan que han sido los propios rusos quienes han atacado su propia estación varias veces. Según su relato, hace tres días lanzaron bombas planeadoras sobre ella y este mismo viernes dispararon proyectiles de artillería.
Las versiones chocan
“Es interesante notar cómo los rusos ya usaron el gasoducto principal para mover sus unidades sin levantar sospechas”, dicen desde las Fuerzas Armadas ucranianas. Y es que cada bando parece jugar con su narrativa; Ucrania advierte sobre la manipulación constante que buscan hacer sus oponentes para engañar al mundo entero. En medio de tanto ruido e incertidumbre, lo único claro es que las tensiones entre ambos países siguen creciendo y nadie parece tener la intención de dar un paso atrás.