En un giro alarmante de los acontecimientos, el ministro de Defensa de Israel, Israel Katz, ha dado órdenes contundentes al Ejército: expandir las zonas de seguridad en la Franja de Gaza. Y no se trata solo de una estrategia defensiva; estamos hablando de una ocupación que se anexionará hasta que Hamás decida liberar a los secuestrados tras los trágicos ataques del 7 de octubre. Desde el pasado martes, cuando se rompió el alto el fuego, esta nueva ofensiva ha cobrado fuerza.
Un conflicto que se intensifica día a día
Katz no se anda con rodeos: “Si Hamás sigue negándose a liberar a los rehenes, he ordenado que tomemos más zonas en Gaza”, declaró con firmeza. El mensaje es claro: la población civil deberá evacuarse para garantizar la seguridad israelí. La situación es crítica y cada vez más tensa. “Cuanto más se resistan, más territorio perderán”, añade Katz, dejando entrever una escalada militar inminente.
A medida que Israel lanza su operación ‘Fuerza y Espada’, que incluye bombardeos y maniobras terrestres, la presión sobre Hamás aumenta. Katz también recuerda que están siguiendo un plan propuesto por Estados Unidos para intentar gestionar esta crisis humanitaria y militar. Sin embargo, muchos ven esta propuesta como un intento encubierto de desplazar forzosamente a los gazatíes hacia otros países.
No podemos olvidar cómo este tipo de medidas han sido condenadas internacionalmente por ser consideradas limpiezas étnicas. La comunidad palestina está en pie de guerra contra estas acciones y afirma haber aceptado propuestas previas que ahora parecen olvidadas por parte israelí.
En definitiva, mientras las negociaciones se estancan y el conflicto se recrudece, la vida diaria en Gaza continúa marcada por la incertidumbre y el miedo. Lo único seguro es que aquí nadie sale ganando si seguimos así.