El pasado 19 de marzo, Madrid se convertía en el telón de fondo para una conversación que podría cambiar el rumbo de las relaciones internacionales. Desde el Kremlin, aseguran que los presidentes de Estados Unidos y Rusia, Donald Trump y Volodimir Zelenski, están empezando a confiar el uno en el otro. Aunque no se han lanzado grandes compromisos al aire, hay un interés mutuo por tender puentes sobre asuntos tan espinosos como la guerra en Ucrania.
La llamada del martes dejó más preguntas que respuestas. Dimitri Peskov, portavoz del Kremlin, nos cuenta que Putin está “interesado” en continuar este diálogo con Trump y siente una “reciprocidad” por parte del otro mandatario. Sin embargo, aquí es donde surge la inquietud: ¿realmente podremos ver un cambio significativo? El camino hacia la normalización de relaciones se vislumbra largo y lleno de obstáculos.
Entre promesas y acusaciones
Peskov ha sido claro al señalar que tras esta conversación no hubo nuevas órdenes sobre reanudar ataques a infraestructuras ucranianas. Aún así, no podemos ignorar las tensiones evidentes: mientras Rusia lanza acusaciones a Ucrania por su “falta de voluntad”, Kiev responde reclamando que Moscú sigue bombardeando su territorio sin contemplaciones.
Así las cosas, cada movimiento parece estar bajo la lupa. Mientras algunos ven destellos de esperanza en este nuevo enfoque diplomático, otros se preguntan si realmente estamos ante un cambio o simplemente palabras vacías destinadas a enfriar tensiones momentáneamente. Lo único cierto es que la situación es compleja y cualquier paso en falso podría llevarnos de vuelta al punto de partida.