En una jugada que huele a desesperación, el Gobierno ruso ha lanzado este miércoles duras acusaciones contra Ucrania, señalando un ataque con drones a un depósito de combustible en Krasnodar como una maniobra para desestabilizar la tan ansiada iniciativa de paz del presidente estadounidense Donald Trump. Moscú no se ha cortado al calificarlo como «una provocación preparada especialmente por el régimen de Kiev».
Según el Ministerio de Defensa ruso, este ataque ocurrió justo después de unas negociaciones clave entre Rusia y Estados Unidos, lo que solo añade leña al fuego. «Está absolutamente claro que estamos hablando de otra provocación», afirmó un portavoz del ministerio, enfatizando que Vladimir Putin había ordenado previamente un cese temporal de ataques a las infraestructuras energéticas ucranianas. Este movimiento fue, supuestamente, parte del compromiso alcanzado durante la conversación telefónica con Trump.
Un incendio que arde en medio del conflicto
El foco del conflicto parece ser una infraestructura crítica ubicada en Kavkazskaya, Krasnodar, donde las llamas han arrasado cerca de 1.700 metros cuadrados. Aunque no hay reportes sobre víctimas por ahora, la situación sigue siendo tensa. Desde Moscú han insistido en recordar que había siete drones rusos volando cuando se dio la orden de cesar los ataques.
A pesar de esta declaración unilateral de calma por parte rusa, el presidente ucraniano Volodimir Zelenski no se muestra optimista. En su último comunicado denunció nuevos ataques con drones kamikaze iraníes contra varias localidades ucranianas y dejó claro que Rusia no está dispuesta a aceptar un alto el fuego total. «Lo adecuado sería que el mundo rechace cualquier intento de Putin de prolongar la guerra», sentenció Zelenski con contundencia.