Las últimas horas han sido intensas en Ucrania. Las autoridades del país han confirmado que, en medio de la oscuridad y el caos, han logrado derribar cerca de cien drones lanzados por Rusia. Esto no es solo una cuestión militar; es una lucha por la supervivencia y la dignidad.
La Fuerza Aérea ucraniana ha compartido a través de su cuenta de Telegram que, en total, los rusos dispararon 174 drones kamikaze, pero gracias a su valentía y destreza, 90 fueron interceptados. Los otros 70 desaparecieron sin dejar rastro en los radares. Sin embargo, el costo fue alto; Odesa sufrió cortes parciales de suministro eléctrico debido a estos ataques.
El impacto humano y material
Oleg Kiper, gobernador de Odesa, no se ha quedado callado ante esta situación. En un mensaje claro y directo afirmó que una persona resultó herida por el ataque. Además, mencionó que “una guardería, un edificio residencial y hasta un coche” sufrieron daños. La vida diaria para muchas familias se está viendo alterada: unas 500 personas en los suburbios se quedaron sin electricidad tras el impacto en la infraestructura energética.
A pesar de estas adversidades, la Fuerza Aérea ucraniana lanza mensajes de esperanza: “Defendamos el cielo. Juntos hacia la victoria”. Y así es como debemos verlo; cada drone derribado es un paso más hacia la libertad.
No obstante, desde Rusia también llegan noticias sobre sus defensas aéreas alegando haber derribado más de 20 drones ucranianos. Una narrativa que suma tensión al ya complicado escenario entre ambos países. Este tira y afloja no cesa, mientras tanto las vidas humanas siguen siendo las más afectadas.