Caracas no se ha quedado callada. Este domingo, el Gobierno venezolano ha lanzado una dura condena hacia Estados Unidos por recurrir a una ley de 1798, conocida como la ley de Enemigos Extranjeros, para expulsar a migrantes acusados de terrorismo. La reciente detención de 238 miembros del Tren de Aragua y su envío a la temida CECOT en El Salvador han encendido las alarmas.
Una historia que evoca lo peor de la humanidad
La Presidencia venezolana ha dejado claro que esta legislación “criminaliza” la migración venezolana, convirtiendo a personas trabajadoras en sospechosos. Tal como ellos mismos expresan: “evoca los episodios más oscuros de la historia”, desde la esclavitud hasta los horribles campos de concentración nazi. No es un tema menor; se trata de vidas humanas que buscan refugio.
La ley, que permite deportar sin más a quienes cruzan fronteras en tiempos conflictivos, ya había sido utilizada durante las guerras mundiales para deshacerse de inmigrantes alemanes o italianos. Sin embargo, ahora parece apuntar directamente hacia nuestros compatriotas. Y es que muchos venezolanos se ven obligados a dejar su hogar debido al “bloqueo criminal impuesto por los gobiernos occidentales”, como señala Caracas.
“No son terroristas ni criminales; son víctimas”, recalcan desde el gobierno venezolano, haciendo un llamado desesperado sobre cómo estos migrantes son injustamente etiquetados. Entre tanto ruido político y acusaciones hacia opositores como María Corina Machado y Leopoldo López por instigar esta situación, lo cierto es que hay un trasfondo humano que no podemos ignorar.
Es hora de reaccionar y Venezuela lanza una llamada urgente a toda América Latina para defender los derechos humanos ante este tipo de abusos. La comunidad internacional debe estar alerta ante estas acciones aberrantes que amenazan con deshumanizar a nuestros hermanos migrantes.