En un giro inesperado de los acontecimientos, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha decidido poner en la diana al jefe del Servicio de Inteligencia Nacional, Ronen Bar. En una carta que ha dejado a muchos con la boca abierta, anunció su intención de cesarlo del cargo en una votación que tendrá lugar el próximo miércoles. ¿El motivo? Según Netanyahu, hay una «pérdida de confianza» en Bar, y lo culpa por los fallos de seguridad que llevaron a la trágica masacre del 7 de octubre pasado.
¿Intereses propios o seguridad nacional?
A medida que se desenvuelve esta trama política, surge un trasfondo inquietante: las investigaciones están sacando a la luz posibles conexiones entre el gobierno de Netanyahu y Qatar. Mientras Bar asume parte de la responsabilidad por los errores cometidos, también señala cómo el financiamiento qatarí a Hamás pudo haber influido en toda esta situación. ¡Menudo lío!
Y es que no solo eso; el ex primer ministro Yair Lapid no se ha quedado callado. Asegura que este intento de destitución tiene más que ver con proteger sus propios intereses ante las indagaciones sobre los vínculos con Qatar. “Netanyahu antepone sus intereses privados al bien del país”, afirma Lapid sin tapujos.
Por si fuera poco, la fiscal general Gali Baharav-Miara ha advertido que cualquier decisión sobre Bar debe ser discutida previamente con su departamento; algo que parece no importar demasiado a Netanyahu en su afán por quitarse responsabilidades encima.
En medio de este caos político, reacciones diversas han brotado como setas: desde algunos miembros extremistas del gobierno celebrando la medida hasta otros políticos denunciando un ataque directo a la seguridad nacional. El ex jefe del Estado Mayor Benny Gantz lo califica como un «golpe directo», mientras otros advierten que si Netanyahu hubiese luchado contra Hamás con esa misma determinación desde el principio, tal vez se hubiera evitado todo este desastre.
Así estamos hoy: una nación al borde del abismo político donde cada decisión parece estar cargada de intereses personales antes que del bienestar común. ¿Qué futuro le espera a Israel en medio de tantas tensiones internas? Solo el tiempo lo dirá.