En el horizonte político estadounidense, ya comienza a sonar la idea de que Donald Trump podría estar buscando la manera de hacerse con un tercer mandato. Esto, claro está, va en contra de lo que marca la Vigesimosegunda Enmienda de la Constitución, que prohíbe a cualquier persona ser elegida más de dos veces para el cargo presidencial. Pero como bien sabemos, cuando se trata de Trump, nada es imposible.
Aún no han pasado ni cien días desde su segundo mandato y ya hay voces como la del congresista republicano Andy Ogles, que ha planteado una enmienda constitucional para cambiar esta norma. Claro, para lograrlo necesitarían ese apoyo masivo en el Congreso que parece bastante complicado. Con los republicanos controlando solo un 53% en la Cámara Baja y repartidos en medio Senado, parece que las posibilidades no son muchas.
Un laberinto político lleno de sorpresas
No obstante, eso no ha frenado a Trump ni un segundo. En varias ocasiones ha dejado claro su deseo de seguir al mando y algunos incluso sugieren que podría intentar utilizar su influencia sobre el Tribunal Supremo para validar esa tercera candidatura. Sería todo un movimiento estratégico considerando que seis de los nueve jueces son republicanos y tres fueron nombrados por él mismo durante su primer mandato.
Tampoco podemos olvidar cómo en enero de 2021 intentó deslegitimar la victoria de Joe Biden. Llevó a sus seguidores a irrumpir en el Capitolio mientras se certificaba esa victoria. Así es Trump; siempre buscando vías alternativas, incluso si eso implica desafiar las normas establecidas.
No sería extraño pensar que ahora podría buscar colarse como vicepresidente en una hipotética candidatura del propio Ogles o Vance; así podría sortear esa limitación constitucional. Si bien todo esto va directamente contra las tradiciones políticas del país —donde figuras como George Washington marcaron el camino al renunciar tras dos mandatos— resulta inquietante pensar hasta dónde está dispuesto a llegar para aferrarse al poder.
La historia nos dice que hubo presidentes como Franklin Delano Roosevelt, quien rompió con esta tradición durante la Segunda Guerra Mundial y fue elegido cuatro veces. Tras su muerte se creó precisamente esta Vigesimosegunda Enmienda para evitar futuros excesos. Sin embargo, aquí estamos nuevamente ante una posible ruptura con lo establecido.