En un giro inesperado de los acontecimientos, Sudáfrica ha levantado la voz contra lo que considera una decisión deplorable por parte del Gobierno de Estados Unidos: la expulsión de su embajador en Washington, Ebrahim Rasool. La noticia se dio a conocer el 15 de marzo y las palabras del presidente Cyril Ramaphosa no se hicieron esperar. Desde su oficina, instó a todas las partes implicadas a mantener el decoro diplomático, recordando que es esencial construir relaciones basadas en el respeto mutuo.
Un enfrentamiento por las declaraciones sobre Trump
La controversia se desató cuando Rasool, durante un seminario, acusó al presidente Donald Trump de fomentar el supremacismo. Sus palabras resonaron con fuerza y no tardaron en llegar las réplicas. El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, respondió rápidamente afirmando que “el embajador sudafricano ya no es bienvenido en nuestro gran país”. Pero eso no fue todo; Rubio también añadió que Rasool es un político que incita al racismo y que siente odio hacia EE.UU. y su presidente.
No podemos ignorar que esta disputa tiene raíces más profundas. Trump ha arremetido en varias ocasiones contra el gobierno sudafricano por lo que él llama políticas discriminatorias, algo que las autoridades sudafricanas han rechazado rotundamente. Y así es como esta tensión ha llegado hasta tal punto que Rubio decidió no asistir a la reunión de ministros de Exteriores del G20 celebrada en Johannesburgo este febrero.