MADRID 9 Mar. (EUROPA PRESS) – Hoy es un día movido en Rumanía. La Comisión Electoral Central, ese ente que decide quién puede jugar en el campo político, ha decidido dar un portazo a la candidatura de Calin Georgescu, un candidato presidencial que no se ahorra en posturas ultraderechistas. En una votación que terminó 10 a 4, los miembros del CEC han considerado que este aspirante no cumple con los requisitos legales para presentarse y, ¡vaya sorpresa!, su candidatura podría ir al Tribunal Constitucional si decide recurrir.
Los rumores indican que uno de los papeles necesarios para validar su candidatura llegó sin la firma necesaria. Así que, ¿quién lo diría? Un simple fallo administrativo puede cambiar el rumbo de las cosas. Pero aquí no acaba la historia. Apenas se conoció esta decisión, varios cientos de seguidores de Georgescu se agolparon frente a la sede del CEC, lanzando botellas y otros objetos contra las vallas y las fuerzas del orden. La policía respondió con gas lacrimógeno, mientras todo el mundo intentaba entender lo que estaba ocurriendo.
Protestas y reacciones
Las autoridades han pedido calma: “Pedimos a los manifestantes que eviten incumplir la ley”, dijeron desde el gobierno, intentando apaciguar los ánimos encendidos por esta decisión tan controvertida. Pero hay más: desde la Alianza por la Unión de los Rumanos (AUR), partido del cual Georgescu es afín, ya están acusando al CEC de abuso y hasta lo relacionan con un golpe de Estado desde diciembre pasado. Su líder, George Simion, fue claro: “¡Abajo Ciolacu! ¡Abajo los dictadores!”.
A pesar de todo esto, Georgescu había sorprendido en la primera vuelta electoral del pasado noviembre al posicionarse como uno de los favoritos entre votantes descontentos. Sin embargo, sus propuestas han estado siempre bajo el escrutinio público debido a su cercanía con Rusia y las dudas sobre su campaña electoral.