En una semana marcada por el caos y la desesperación, el Gobierno español ha alzado la voz. Este domingo, Madrid mostró su profunda preocupación por la escalofriante crisis de violencia que ha estallado en la costa mediterránea de Siria. Allí, las fuerzas de seguridad de las nuevas autoridades se enfrentan a los partidarios del derrocado régimen de Bashar al Assad, mientras emergen alarmantes denuncias sobre masacres perpetradas contra civiles por parte de los mismos efectivos que deberían protegerlos.
Una demanda ineludible
En un comunicado contundente, el Ministerio de Asuntos Exteriores exigió que esta violencia sea investigada a fondo, resaltando que sus responsables no pueden quedar impunes. José Manuel Albares y su equipo no se andan con rodeos; enfatizan que cualquier desacuerdo debe resolverse a través del diálogo y métodos pacíficos, no con balas ni sangre.
La situación se centra en Latakia, una ciudad costera donde predominan los alauíes –la misma confesión religiosa a la que pertenecía Al Assad– y donde las tensiones han estallado tras la ofensiva del grupo yihadista Hayat Tahrir al Sham (HTS). Este grupo es liderado por Ahmed al Shara, el actual presidente de transición sirio. El Observatorio Sirio para los Derechos Humanos no se queda corto al alertar sobre más de un millar de civiles ejecutados en lo que describen como una operación encubierta orquestada desde las altas esferas del nuevo régimen.
A pesar del desasosiego generalizado, el nuevo Ministerio de Defensa sirio asegura estar llevando a cabo operaciones contra “grupos indisciplinados” con intenciones justicieras. Sin embargo, muchos nos preguntamos si esto realmente traerá paz o si solo será otra excusa para seguir tirando a la basura vidas inocentes.
Y así termina el comunicado español reafirmando su compromiso con una transición política pacífica e inclusiva, donde todos los ciudadanos sirios tengan voz. En este momento crítico, ¿quién puede permanecer indiferente ante tanto sufrimiento?