El conflicto en Siria sigue dejando huellas profundas y, en este contexto, el presidente Ahmed al Shara ha decidido volver a dirigirse a su gente. En un intento por calmar los ánimos tras los recientes enfrentamientos entre sus fuerzas y grupos armados que todavía se aferran al antiguo régimen de Bashar al Assad, Al Shara hizo un llamamiento a la tranquilidad. «Esto son solo desafíos que esperábamos», afirmó durante un discurso lleno de promesas, pronunciado en una mezquita del barrio de Mazza, en Damasco.
Un mensaje entre sombras
Al Shara enfatizó que «los sirios deben darse cuenta de que su país tiene lo necesario para salir adelante» y parece querer insuflar optimismo mientras las balas aún retumban cerca. Sin embargo, el silencio sobre las acusaciones que pesan sobre sus propias fuerzas es abrumador. Grupos de activistas han denunciado atrocidades, con más de mil civiles alauíes asesinados en represalias brutales. El Observatorio Sirio para los Derechos Humanos ha sido claro: hay una ola de violencia innegable.
A pesar de estos graves informes, el Ministerio de Defensa asegura tener controlada la situación en Latakia y otras zonas costeras clave. Su portavoz, Hassan Abdul Ghani, incluso se atrevió a afirmar que los restos del derrocado régimen habían sido expulsados. Pero aquí es donde surge otro dilema: ¿es suficiente con detener a unos pocos cuando hay un descontento generalizado? Las operaciones militares contra los últimos vestigios del antiguo régimen parecen haberse detenido momentáneamente para concentrarse en lo que ellos llaman «grupos indisciplinados». Y así seguimos navegando entre discursos llenos de esperanza y realidades desgarradoras.