En un giro que no sorprende a nadie, el Gobierno de Estados Unidos ha decidido no renovar la exención que permitía a Irak comprar electricidad de Irán. Esta medida llega como un nuevo golpe de presión hacia Teherán, en medio del tenso pulso por su programa nuclear. Un portavoz del Departamento de Estado dejó claro que no habrá ningún respiro económico para Irán y que se hará cumplir lo estipulado en el memorándum presidencial.
La exención, otorgada por Joe Biden, estaba a punto de expirar este fin de semana y Donald Trump ya había dejado caer que no tenía intención de extenderla. A medida que los días avanzaban, Washington ofreció alternativas a Irak para mitigar su déficit energético, sugiriendo acuerdos con empresas estadounidenses. Pero eso no soluciona el problema inmediato: Irak todavía necesita la electricidad iraní, y sus planes para diversificar sus fuentes energéticas aún están en pañales.
Una dependencia peligrosa
Mientras se construye una nueva planta solar con TotalEnergies y se negocian otros proyectos con Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, la realidad es cruda. La influencia de Irán sobre la política iraquí es enorme y dejar de depender completamente de su energía parece un sueño lejano. Esta situación plantea serias dudas sobre cómo afrontará Irak este nuevo escenario mientras intenta salir adelante sin quemar puentes.