MADRID, 4 de marzo. La situación de los prisioneros de guerra y civiles detenidos por Rusia es un verdadero drama que no podemos ignorar. Un informe de Amnistía Internacional ha destapado abusos atroces que se asemejan a crímenes de guerra y contra la humanidad. Hablamos de torturas, detenciones prolongadas en un régimen que no permite contacto con el exterior, desapariciones forzadas… Y todo esto se ha documentado tras entrevistar a 104 personas, entre ellos prisioneros y sus familiares.
El estudio titulado ‘Un silencio ensordecedor’ pone sobre la mesa una realidad alarmante: falta de transparencia e impunidad absoluta. Agnès Callamard, secretaria general de Amnistía, no ha dudado en calificarlo como una “política deliberada” para deshumanizar a estas personas y silenciarlas. ¿Te imaginas la angustia que viven sus familias? Ellos esperan noticias que nunca llegan. “La tortura se inflige en aislamiento total del mundo exterior”, señala Callamard, quien recalca cómo las víctimas están completamente a merced de sus captores.
Historias desgarradoras
Olena Kolesnyk comparte su desolador testimonio: “No sé dónde buscar a mi esposo ni dónde enviarle cartas. Esta oscuridad me está matando”. Su marido fue capturado en julio del año pasado y todavía no hay rastro de él. Y Jristina Makarchuk relata cómo vio por televisión a su esposo hablar sobre su detención sin saber siquiera si eso era oficial o no. Las cifras son escalofriantes; decenas de miles están desaparecidas bajo circunstancias inciertas y nadie sabe si siguen con vida o han sido asesinadas.
Aún más alarmante es el hecho de que las organizaciones internacionales no tienen acceso a estos prisioneros, dejándolos completamente desprotegidos ante un sistema que los aplasta sin piedad. Volodimir Shevchenko narra cómo sufrió torturas desde el primer momento: “Me golpearon con armas paralizantes… Fue horroroso”. Por su parte, Sergei Koroma habla del abandono total al que fue sometido tras recibir heridas graves; sólo le ofrecieron una crema antiséptica una vez mientras esperaba a morir o recuperarse solo.
Agnès Callamard hace un llamado urgente a la comunidad internacional para que actúe con firmeza frente a estos crímenes horrendos. Sin justicia para los prisioneros ucranianos, el sufrimiento continuará creciendo y desgastando aún más a sus familias y seres queridos. Es hora de abrir los ojos ante esta tragedia humana que nos toca tan cerca.