En Madrid, a 4 de marzo. La OTAN, esa organización que lleva más de 75 años funcionando como un pilar en la defensa y cooperación entre sus miembros, también tiene una puerta de salida. Sí, así como lo oyen. En su carta fundacional, el Tratado del Atlántico Norte establece cómo un Estado miembro puede poner fin a su participación. Desde su creación en 1949 con doce países –entre ellos Estados Unidos, Francia y Reino Unido– hasta los 32 actuales, la historia ha sido una de expansión constante.
El objetivo inicial era claro: promover valores democráticos y evitar conflictos bélicos a toda costa. Un compromiso que se refuerza en su famoso artículo cinco, donde se establece que si uno es atacado, todos están listos para acudir al rescate. Aunque solo ha sido invocado una vez tras los ataques del 11-S en Nueva York.
La posibilidad de despedirse
Y aunque parece raro pensar en ello, el Tratado permite que un país salga. Eso sí, hay una condición: deben haber pasado al menos 20 años desde su entrada al acuerdo; algo que España cumplió hace tiempo (se sumó en 1982). La salida no es instantánea; tras notificarlo al Gobierno estadounidense –que lleva el control del asunto– habrá que esperar un año para hacerla efectiva.
Así que mientras algunos se preguntan si algún día veremos a algún miembro dar ese paso tan drástico, lo cierto es que este tema sigue siendo un misterio rodeado de intriga y debate. Y nosotros nos quedamos ahí, observando cómo evoluciona esta historia.