En un rincón de Europa, donde la historia se tiñó de tragedia hace décadas, el presente vuelve a golpear con fuerza. El director general del Organismo Internacional para la Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, nos trae noticias preocupantes desde Chernóbil. Dos semanas después de que un dron atacara el sarcófago del reactor nuclear, los bomberos ucranianos aún están lidiando con incendios latentes que amenazan con desbordar la situación.
Grossi destaca el esfuerzo titánico de estos valientes hombres y mujeres: «Los bomberos y otros equipos de respuesta están trabajando muy duro y en circunstancias difíciles para hacer frente al impacto y las consecuencias del ataque». Y es que no solo estamos hablando de un simple fuego; este incidente es un recordatorio escalofriante de lo frágil que puede ser nuestra seguridad nuclear. «Nunca se debe atacar una instalación nuclear», subraya Grossi, enfatizando la gravedad del asunto.
La sombra del pasado acecha
Aquel 14 de febrero marcó un antes y un después. Un agujero en el sarcófago diseñado para protegernos podría haber tenido consecuencias mucho peores. Pero ahí está el equipo del OIEA, supervisando cada movimiento desde entonces. A pesar de las malas noticias, las mediciones indican niveles normales de radiación dentro del complejo; sin embargo, fotografías térmicas revelan esos incendios latentes que siguen latentes entre las capas de la estructura.
Y como si esto no fuera suficiente, han surgido alertas aéreas que han interrumpido a veces las labores de extinción. En medio del caos, se detectaron drones merodeando a escasa distancia. Esto ha llevado al presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, a acusar a Rusia directamente: «El único país del mundo que ataca este tipo de instalaciones es Rusia». Mientras tanto, desde el Kremlin niegan cualquier responsabilidad sobre el ataque y sugieren que podría tratarse simplemente de una provocación por parte ucraniana.
La situación sigue siendo tensa y compleja; cada día se convierte en una batalla tanto contra los elementos como contra las sombras del pasado que nunca parecen alejarse completamente.