Este miércoles, las calles de Israel se llenaron de un profundo pesar. Miles de personas se unieron en un emotivo cortejo fúnebre para despedir a la familia Bibas. Shiri y sus pequeños, Ariel y Kfir, fueron finalmente enterrados cerca del kibutz de Nir Oz, donde vivían cuando su vida cambió drásticamente tras el secuestro por parte de Hamás el pasado 7 de octubre. Desde Rishon LeZion hasta el cementerio de Tsoher, la gente se alineó a lo largo del camino para ofrecer su apoyo y respeto.
El dolor compartido
La ceremonia fue seguida por muchos desde la Plaza de los Rehenes en Tel Aviv, donde las banderas ondeaban al viento mientras los asistentes observaban con tristeza las imágenes que aparecían en televisión. Yarden Bibas, el padre y esposo que logró sobrevivir al secuestro, dirigió palabras desgarradoras hacia su familia: «Los tres están juntos ahora para siempre». En medio del duelo, pidió ayuda para no perderse en la oscuridad que lo rodea. «Eras mi todo», confesó entre lágrimas recordando a su mujer como la mejor madre que cualquiera podría desear.
El presidente Isaac Herzog también se sumó al luto nacional con un mensaje conmovedor: «Un país entero está llorando». La tragedia de los Bibas ha abierto heridas profundas y ha generado controversias sobre el cumplimiento del alto el fuego entre Israel y Hamás. Las acusaciones cruzadas entre ambos lados han desatado debates intensos sobre la verdad detrás de esta tragedia familiar.
Con cada lágrima derramada y cada palabra compartida, queda claro que este no es solo un adiós individual; es una herida colectiva que resonará más allá de las fronteras israelíes. La historia de la familia Bibas es una llamada a recordar lo frágil que puede ser la vida y lo importante que es protegerla.