En una jornada tensa, el Gobierno ruso ha dejado las cosas bien claras este lunes: no están por la labor de detener los ataques en Ucrania, ni siquiera como un gesto para iniciar conversaciones de paz. Sergei Lavrov, el ministro de Exteriores, ha enfatizado que mantendrán sus operaciones militares hasta que el diálogo dé frutos que realmente convengan a Moscú.
La postura rusa ante Estados Unidos y Europa
Lavrov ha subrayado que Estados Unidos también se ha manifestado de manera «clara», indicando que, a pesar del deshielo diplomático registrado la semana pasada, no se puede esperar una «paz inmediata». “Esa opción no nos conviene”, sentenció, recordando los fracasos anteriores en las negociaciones mediadas por Turquía al inicio de la invasión.
El ministro ha sido contundente al afirmar que la posible incorporación de Ucrania a la OTAN es una línea roja para Rusia. Sin embargo, dejó abierta la puerta al diálogo con cualquier país o actor que quiera ayudar a lograr la paz, siempre y cuando se acerque a este proceso con buena voluntad. Aunque no descarta hablar con países europeos, su portavoz en el Kremlin matizó que esto no está en el horizonte inmediato.
Peskov hizo hincapié en cómo la «convicción» de la UE para seguir imponiendo sanciones parece alinearse más con mantener viva la guerra que con buscar soluciones. Esta contraposición entre los deseos europeos y lo que Rusia pretende es más evidente cada día.