En Berlín, el pasado 24 de febrero, la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) ha dado un golpe sobre la mesa en las elecciones del domingo. Con un impresionante 20,8 por ciento de los votos, se han colocado como segundos tras la Unión Democristiana (CDU) de Friedrich Merz. Lo sorprendente es su abrumador apoyo en las antiguas tierras de la República Democrática Alemana. Este resultado marca un hito: es el mejor logrado por un partido ultraderechista desde que surgió el régimen nazi.
La AfD se ha llevado la palma en cinco estados que antes formaban parte de Alemania comunista, aunque en una parte del este de Berlín, La Izquierda también ha hecho lo suyo. En lugares como Brandeburgo, Turingia y Sajonia, han arrasado con porcentajes que oscilan entre el 32,5 y el 38,6 por ciento. ¿Y qué pasa con las ciudades grandes? Aquí el apoyo no ha sido tan fuerte; parece que su base está más arraigada en zonas rurales y pueblos pequeños.
Un futuro incierto pero optimista
Tino Chrupalla, uno de los líderes de AfD, no pudo ocultar su satisfacción: este resultado “sensacional” muestra que muchos alemanes ya están cansados del “cortafuegos” que representan posibles coaliciones entre conservadores y socialdemócratas. En sus propias palabras: “Los que construyen cortafuegos se fríen detrás de ellos”. Es evidente que quieren posicionarse como los principales opositores a cualquier acuerdo futuro.
Además, Chrupalla y Alice Weidel, su compañera y candidata a canciller durante estas elecciones, ya están planeando cómo tomar las riendas del Bundestag. Weidel asegura que amaneció con llamadas perdidas desde Estados Unidos; incluso Elon Musk le ha mostrado su apoyo públicamente. Así avanza la historia política alemana: mientras unos celebran victorias inesperadas, otros deben prepararse para navegar estos nuevos tiempos convulsos.