Madrid, 24 de febrero. Hoy, las voces desde Estados Unidos han dejado claro algo que muchos ya sospechábamos: la ansiada entrada de Ucrania en la OTAN «no está sobre la mesa». Mientras tanto, el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, se encuentra en su tierra natal pidiendo a gritos lo que considera justo: garantías de seguridad. En un momento donde los ecos de guerra resuenan con fuerza, ¿no es comprensible su petición?
Un tira y afloja entre aliados
Michael Waltz, asesor de Seguridad Nacional de EE.UU., fue tajante al respecto durante una entrevista con Fox News: «No veo cómo Estados Unidos hará que Ucrania entre en la OTAN». A pesar del apoyo inquebrantable hacia la Alianza y el famoso artículo cinco que promete defensa colectiva, Waltz no tuvo reparos en distinguir entre las garantías para Ucrania y el proceso de adhesión a la Alianza.
Zelenski no se ha quedado callado. Ha reiterado que su país merece mucho más que ser un espectador en este juego geopolítico; merece integración plena en Europa y las promesas de protección que solo la OTAN puede ofrecer. Para él, estas garantías son fundamentales para lograr una paz duradera. Más aún cuando asegura que cuanto más fuertes sean sus aliados, más posibilidades habrá de resistencia.
Lo impactante llegó cuando Zelenski mencionó que estaría dispuesto a dejar su cargo si eso significara acercar a Ucrania a la Alianza. «Podría canjear mi puesto por nuestra entrada», afirmó en un foro marcado por el tercer aniversario de la invasión rusa. Esta declaración nos hace reflexionar sobre hasta dónde llegarán los líderes por asegurar un futuro más seguro para su nación.