En medio de un clima electoral tenso y lleno de incertidumbres, las elecciones generales en Alemania han dejado claro que el dominio conservador está más presente que nunca. Pero, ¿qué pasará ahora? La Unión Demócrata Cristiana (CDU), liderada por Friedrich Merz, se ve obligada a buscar apoyo para formar una nueva coalición. Todo apunta a que tendrán que recurrir al Partido Socialdemócrata (SPD), en lo que muchos llaman la ‘gran coalición’. Esta no es una jugada nueva; de hecho, durante los 16 años de mandato de Angela Merkel, esta fórmula fue la norma.
Una alianza necesaria pero incómoda
A pesar de sus intentos de distanciarse en campaña, tanto Merz como Olaf Scholz sabían que este escenario podría ser su única opción para evitar caer en manos de partidos más extremos o repetir las elecciones. En los comicios del domingo pasado, la CDU y su socio bávaro (CSU) lograron un 28,5% de los votos, mientras que el SPD cayó a mínimos históricos con solo un 16,4%. Sin embargo, juntos suman 328 escaños del Bundestag y podrían gobernar sin necesidad de otros aliados.
Merz ya ha expresado su deseo de formar gobierno rápidamente y está abierto a dialogar con los socialdemócratas. “Estoy decidido a mantener conversaciones constructivas y rápidas”, afirmó confiado. Por otro lado, Scholz ha dejado claro que solo se enfocará en culminar su mandato como canciller antes de retirarse a su papel como diputado raso.
Tanto CDU como SPD saben que llegar a un acuerdo será complicado; Merz ha enfatizado que cualquier socio potencial debe acercarse a posiciones más centradas o conservadoras. Y aunque hay temas prioritarios sobre la mesa como la migración o la economía, el verdadero desafío radica en encontrar puntos comunes entre estas dos formaciones históricas.
Lo inquietante del asunto es el ascenso de Alternativa para Alemania (AfD), cuyo resultado histórico les ha colocado como segunda fuerza política. A pesar del rechazo expreso hacia ellos por parte del CDU, esto añade presión sobre el futuro político alemán: si logran unir fuerzas con La Izquierda desde la oposición podrían convertirse en una poderosa minoría capaz de bloquear decisiones clave.