En un giro inesperado de los acontecimientos, las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) de Sudán y sus aliados han declarado en Kenia lo que llaman un «gobierno paralelo». Esto ocurre en medio de un clima tenso, donde las autoridades sudanesas ya están alzando la voz contra lo que consideran una provocación. ¿Qué significa esto para el futuro del país? Un país que ya lleva casi dos años sumido en el caos.
Una declaración llena de promesas y riesgos
La ceremonia, celebrada en Nairobi, se da entre protestas y malestar por parte del Gobierno sudanés. La RSF y grupos como el Ejército de Liberación del Pueblo de Sudán-Norte han decidido dar este paso, prometiendo un Sudán «secular, democrático y no centralizado». Pero eso no es todo; también afirman que quieren preservar el derecho a existir de otros grupos armados. ¿Acaso estamos ante una solución o solo ante más problemas?
Las voces desde la comunidad internacional son alarmantes. Stephane Dujarric, portavoz del secretario general de Naciones Unidas, ha expresado su preocupación: “Cualquier escalada adicional puede fragmentar aún más a un país ya destrozado.” Este nuevo gobierno ha levantado cejas en diversos rincones del mundo.
A pesar de que el Ejército sudanés parece haber logrado algunos avances en ciertas zonas como Jartum, muchas áreas siguen bajo control de las RSF y sus aliados. En Darfur, por ejemplo, se registran combates intercomunitarios que arrojan un saldo aterrador.
No podemos olvidar cómo esta situación se ha gestado desde la caída del antiguo régimen liderado por Omar Hasán al Bashir en 2019. Desde entonces, los conflictos entre militares y paramilitares han dejado tras de sí miles de muertos; sólo en Jartum se estiman más de 60.000 víctimas según informes recientes.
Y mientras tanto, Kenia intenta posicionarse como mediador pacífico entre estas facciones enfrentadas. Su presidente justificó acoger conversaciones rebeldes como un paso hacia la paz. Pero el Gobierno sudanés ha respondido con indignación, denunciando una «conspiración» que pone en peligro la estabilidad regional.
En definitiva, lo que está sucediendo en Sudán es algo más que política; es una lucha por la supervivencia y la identidad misma del país. A medida que observamos estos eventos desarrollarse, nos preguntamos: ¿realmente hay esperanza para esta nación desgarrada?