MADRID, 23 de febrero. El ministro de Defensa de Israel, Israel Katz, ha dejado claro este domingo que las fuerzas israelíes no van a dar un paso atrás. Su plan es ocupar, al menos durante este año, los principales campos de refugiados del norte de Cisjordania. Y sí, hablamos de lugares como Yenín, Tulkarem y Nur Shams, que llevan siendo escenario durante un mes de una nueva operación militar que ellos justifican diciendo que buscan eliminar células de milicias desde Gaza.
Una realidad amarga para los palestinos
Pero aquí la historia se cuenta diferente. El Gobierno palestino denuncia esta acción como una estrategia orquestada por Israel para desplazar a más personas y extender su control sobre el territorio ocupado. Según palabras del propio Katz, al menos 40.000 palestinos han tenido que abandonar sus hogares debido a esta ocupación en los tres campamentos mencionados. Además, la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (UNRWA) ha tenido que paralizar sus actividades en estas zonas críticas.
Esta situación no solo es alarmante; es profundamente desgarradora para miles de familias que ven cómo su vida cotidiana se desmorona ante sus ojos. La comunidad internacional observa con preocupación mientras se intensifican las tensiones en la región.