Hoy, 23 de febrero de 2025, Alemania se encuentra ante una cita crucial. Los ciudadanos se dirigen a las urnas para elegir un nuevo Parlamento que no solo definirá quién será el próximo canciller, sino que también marcará el rumbo del país en un momento convulso tanto a nivel nacional como internacional. Las tensiones entre Estados Unidos y Rusia por la guerra en Ucrania son el telón de fondo de unas elecciones que prometen ser todo menos sencillas.
Un Voto Cargado de Expectativas
El sistema electoral alemán es un rompecabezas: con partidos tan diversos que dificulta la formación de mayorías absolutas. Esto significa que cualquier futuro gobierno tendrá que negociar arduamente, y todos los actores han dejado claro algo: no habrá concesiones a la ultraderecha de Alternativa para Alemania (AfD), que podría conseguir hasta un cuarto de los escaños según las encuestas.
Mientras tanto, La Izquierda y la Alianza Sahra Wagenknecht tienen pocas posibilidades de influir en el nuevo ejecutivo. Sus posturas radicales, como el rechazo a la OTAN y la oposición al envío de ayuda militar a Ucrania, les han cerrado muchas puertas.
Las encuestas apuntan a que la Unión Democristiana/Unión Social Cristiana (CDU/CSU) lidera este complicado escenario electoral. El veterano Friedrich Merz busca revitalizar los valores conservadores del partido mientras se enfrenta al empuje del SPD gobernante. Olaf Scholz llega debilitado pero determinado; su mantra es “tener fe” en revertir la situación antes de que sea demasiado tarde.
A las 8:00 horas abrieron los centros de votación y con ello se da inicio a unas elecciones federales anticipadas llenas de incertidumbre económica y social. Los alemanes están listos para decidir su futuro en una jornada donde cada voto cuenta más que nunca.