En un rincón desgarrado por la violencia, la organización humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF) ha dado a conocer una noticia que nos golpea el corazón: un trabajador ha perdido la vida tras ser herido de bala en el este de la República Democrática del Congo. Este trágico suceso ocurrió el pasado jueves, cuando los combates entre el Ejército congoleño y las milicias del Movimiento 23 de Marzo (M23) se intensificaron, dejando un rastro de dolor y desolación.
La situación es alarmante. El M23, compuesto mayoritariamente por tutsis congoleños, ha logrado hacerse con el control de ciudades como Goma y Bukavu. En pocas semanas, esta ofensiva ha desencadenado miles de muertes, según lo que nos cuentan desde Naciones Unidas. Mientras tanto, las acusaciones vuelan: RDC señala a Ruanda por supuestamente apoyar al M23 enviando tropas al territorio; Kigali responde diciendo que Kinshasa reprime a los tutsis con la ayuda de grupos armados como las FDLR.
Un adiós doloroso
La víctima fue identificada como Jerry Muhindo Kavali, un hombre de 49 años que trabajaba para MSF desde 2014. La balanza se inclinó en su contra en Masisi, Kivu Norte. A pesar de ser trasladado a Goma para recibir atención médica adecuada y estar cerca de su familia, sus heridas fueron demasiado graves y los esfuerzos del hospital no pudieron salvarlo.
A través de un comunicado lleno de tristeza y rabia contenida, MSF expresó su más sentido pésame a los seres queridos y colegas de Jerry. Al mismo tiempo, lanzaron una fuerte condena contra la falta de respeto hacia la labor humanitaria que costó tan caro esta vez. “Es esa misma falta de respeto lo que condujo a la muerte de Jerry”, afirmaron desde la organización. Tristemente, estos episodios son cada vez más comunes en medio del caos que envuelve al país.
Como si esto no fuera suficiente para hacernos reflexionar, MSF también reveló que solo el pasado 20 de febrero atendieron a once pacientes por heridas provocadas por disparos en Masisi; todos ellos eran civiles y entre ellos había mujeres y niños. Es hora ya de abrir los ojos ante esta realidad devastadora.