En la capital búlgara, Sofía, la tensión se palpaba en el aire este sábado. Al menos seis personas fueron detenidas y una decena de policías resultaron heridos durante una manifestación encendida contra la entrada de Bulgaria en la eurozona. La protesta fue convocada por seguidores del partido nacionalista Vazrazhdane, que no dudaron en mostrar su descontento lanzando pintura roja y cócteles molotov a la sede de la Comisión Europea.
Con gritos de «¡Dimisión!» y «¡No al Euro!», los manifestantes intentaron hacerse sentir a lo grande. El líder del partido, Kostadin Kostadinov, no se anduvo con rodeos al afirmar que están luchando por el futuro de su país: «Estoy aquí para defender a Bulgaria y a nuestro pueblo». Y es que él reclama un referéndum inmediato para que sea el pueblo quien decida sobre su moneda. En sus palabras resuena un eco claro de rechazo hacia las decisiones del Gobierno actual.
Un nuevo Gobierno bajo presión
Desde enero, Bulgaria está gobernada por una nueva coalición formada por fuerzas conservadoras que prometen recuperar la gobernabilidad tras años de crisis política. Sin embargo, los ciudadanos sienten que aún hay mucho camino por recorrer y ven como fundamental combatir la corrupción y modernizar sus instituciones antes de dar el salto al euro. «Si no hay plebiscito, bloquearemos el trabajo de la Asamblea Nacional», advirtió Kostadinov con firmeza.
La situación está lejos de ser sencilla; cada decisión pesa en un país donde el lev ha sido símbolo de identidad durante generaciones. Así las cosas, parece que las protestas apenas han comenzado y los búlgaros tienen claro que su voz debe ser escuchada.