En un mundo donde las noticias sobre Oriente Próximo suelen ser sombrías, el enviado especial de Donald Trump, Steve Witkoff, se ha atrevido a lanzar una advertencia clara: la segunda fase del acuerdo para un alto el fuego entre Israel y Hamás no será pan comido. El pasado jueves, en un foro del FII Institute en Miami, expresó que lo que viene es aún más complicado. Las autoridades israelíes quieren ver salir a Hamás del Gobierno de Gaza, y eso no es un simple capricho; es su línea roja.
Desafíos en las negociaciones
Witkoff destacó lo delicado de esta situación al señalar que hay familias israelíes con niños secuestrados por Hamás. A pesar de los obstáculos, confía en que la buena voluntad mostrada en la primera fase se traslade a esta nueva etapa. «Todos estamos comprometidos con liberar a los rehenes», afirmó con determinación. Sin embargo, hizo hincapié en que Hamás no está dispuesto a sentarse con los israelíes y viceversa. ¿Cómo puede haber avance si las partes no quieren dialogar?
No solo eso, también aprovechó para desmentir malentendidos sobre el plan propuesto por Trump para Gaza, que fue visto por muchos como una locura. Witkoff aclaró que la intención era más profunda: «Cambiar el modo de pensar de todos» y encontrar soluciones viables para el pueblo palestino. Se planteó una cuestión fundamental: ¿Qué prefieren, vivir allí o tener una oportunidad real de prosperar?
Aunque todo esto suena esperanzador, hay que recordar lo trágico de este conflicto reciente; tras el ataque sin precedentes de Hamás el 7 de octubre que dejó casi 1.200 muertos y más de 240 rehenes israelíes, Israel respondió con fuerza devastadora en Gaza. La cifra ya supera los 48.300 muertos entre mujeres y niños inocentes.
Así vamos navegando entre promesas y realidades duras; mientras unas conversaciones avanzan lentamente, otras parecen estancarse por completo. En este mar agitado hay quienes siguen esperando una luz al final del túnel.