En una nueva jornada de horror, Odesa, esa joya del sur de Ucrania, ha vuelto a ser el blanco del ejército ruso. Al menos cuatro personas resultaron heridas, incluyendo a un niño, en un ataque masivo con drones que ha dejado a casi 80.000 habitantes sin calefacción. Las autoridades no se andan con rodeos y denuncian la barbarie que están sufriendo.
El gobernador Oleg Kiper no pudo contener su indignación al escribir en Telegram que «los terroristas rusos han atacado» su región. La verdad es que este tipo de agresiones ya se han convertido en un oscuro ritual diario, donde cada cifra se siente más como una tragedia personal que una estadística fría. Los heridos fueron hospitalizados, pero el daño va mucho más allá.
Destrucción y caos en la infraestructura civil
Aparte del horror humano, hay un impacto devastador sobre las infraestructuras. Kiper apuntó a los daños sufridos por clínicas infantiles y guarderías; lugares sagrados donde nuestros pequeños deberían sentirse seguros. Con los cortes eléctricos extendiéndose por la región, el frío invernal está golpeando duro y alrededor de 500 viviendas han quedado sin calefacción. Y no son solo casas: catorce escuelas y trece guarderías también están afectadas.
Para empeorar las cosas, el suministro de agua depende ahora de generadores improvisados mientras equipos de emergencia luchan por restaurar la electricidad. Con tantas instituciones educativas cerradas hasta nuevo aviso, muchos niños se quedan sin un lugar seguro para aprender o jugar.
Según informes del Estado Mayor del Ejército ucraniano, durante la noche se lanzaron 167 drones contra territorio ucraniano; 106 fueron derribados, pero el daño ya estaba hecho. Odesa no está sola en esta pesadilla; otras regiones como Kiev y Zaporiyia también sienten el peso del ataque.