En el horizonte político alemán, se dibuja una situación compleja y llena de incertidumbres. Este próximo domingo, los ciudadanos acudirán a las urnas en unas elecciones donde nadie parece tener claro quién saldrá victorioso. La realidad es que, en este sistema electoral, lograr una mayoría absoluta es casi como buscar una aguja en un pajar. Con tantos partidos en juego, las negociaciones después de los comicios prometen ser un auténtico rompecabezas.
La ultraderecha acecha
Los sondeos son inquietantes: la Alternativa para Alemania (AfD), conocida por sus posturas extremas, podría acaparar hasta una cuarta parte de los escaños. Un escenario que asusta a muchos. Pero aquí viene lo sorprendente: todos los partidos, incluida la CDU del favorito Friedrich Merz, han dejado claro que la AfD no tiene cabida en sus planes. Y si nos fijamos en La Izquierda o en la Alianza Sahra Wagenknecht, su rechazo a temas tan candentes como la OTAN o el apoyo militar a Ucrania les aleja aún más del resto.
A diferencia de otros países europeos donde las alianzas parecen fluir con más naturalidad, Alemania ha vivido momentos tensos entre sus dos grandes formaciones políticas. A lo largo de 16 años bajo el mandato de Angela Merkel, esa famosa ‘gran coalición’ fue la norma. Pero hoy, tanto CDU como SPD han cerrado la puerta a repetir esa fórmula durante esta campaña electoral.
Las opciones parecen escasas y solo surgen cuando se habla de emergencias para evitar nuevas elecciones. Históricamente, las coaliciones entre CDU/CSU y el Partido Democrático Libre (FDP) han sido frecuentes; sin embargo, los liberales llegan a esta cita con más sombras que luces y podrían quedarse fuera del Bundestag.
Aunque ya hemos visto colaboraciones entre conservadores y Los Verdes en varios estados federados sin mayores problemas internos, cualquier acercamiento formal sigue siendo complicado debido a las reticencias históricas de la CSU.
El experimento más reciente fue hace dos años con un Gobierno tripartito conocido como ‘semáforo’, pero este se desmoronó por disputas internas sobre el presupuesto. La salida del FDP dejó al Gobierno de Olaf Scholz técnicamente en minoría y ante una inestabilidad palpable que anticipa tiempos difíciles para su futuro.
A medida que avanzamos hacia estas elecciones cruciales, algunos comienzan a hablar de una coalición ‘Kenia’, formada por SPD, CDU y Verdes; aunque tradicionalmente no ha sido considerada seria hasta ahora. Sin embargo, hoy podría ser vista como una barrera frente al avance alarmante de la AfD.