La situación en la frontera entre Líbano e Israel se ha vuelto a calentar tras el despliegue del Ejército libanés, que se ha apresurado a ocupar localidades estratégicas tras la salida de las tropas israelíes. Este movimiento, que podría parecer un signo de esperanza para muchos, también deja un regusto amargo al ver que Israel aún sostiene cinco puestos en territorio libanés.
Un despliegue coordinado y con precaución
Las Fuerzas Armadas de Líbano han hecho pública esta noticia con un mensaje claro: “Hemos entrado en Abasiye, Majidié y varias localidades más”, confirmando así su presencia a lo largo de la frontera. Esto se ha realizado bajo la supervisión de los países mediadores del alto el fuego, incluyendo Arabia Saudí y Egipto, quienes parecen jugar un papel crucial en este delicado escenario.
A pesar de todo esto, el ministro de Defensa israelí no se queda atrás. En su cuenta de X ha dejado claro que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) seguirán “en la zona de amortiguación”, manteniendo una fuerte presencia militar para asegurar que “no volvamos a experimentar los horrores del 7 de octubre”, refiriéndose a los ataques recientes que sacudieron la región.
No podemos ignorar el eco constante del conflicto. La Presidencia libanesa exige que se presione a Israel para cumplir con su promesa de retirada total. Esto no es solo una cuestión territorial; es una lucha por recuperar el control y reafirmar la soberanía sobre cada rincón del país.
Y mientras tanto, Hezbolá observa desde las sombras. Su líder ya ha declarado que es responsabilidad del Gobierno libanés gestionar esta compleja situación y asegurar la retirada definitiva de las fuerzas israelíes.
Así que aquí estamos, en medio de una danza política y militar donde cada paso cuenta. ¿Logrará Líbano recuperar su soberanía? ¿Qué será del futuro en esta región convulsa? Solo el tiempo lo dirá.