En este emocionante capítulo político, Friedrich Merz, un veterano de la Unión Demócrata Cristiana (CDU), se lanza a la carrera por la cancillería alemana. La fecha clave es el 23 de febrero, y su objetivo es claro: conseguir los apoyos necesarios para gobernar desde una perspectiva que evoca los valores más tradicionales del partido. Sin embargo, su discurso antiinmigración lo acerca peligrosamente a la ultraderecha de Alternativa para Alemania (AfD), algo que está empezando a pasarlo factura en esta intensa campaña.
Un líder en busca de respeto
Con 69 años y una trayectoria que incluye ser abogado y padre de tres hijos, Merz se presenta como un hombre recto. Su entorno lo describe como alguien con un fuerte sentido del deber y una puntualidad casi obsesiva; no hay reunión que comience tarde si él está presente. Pocos pueden mantener una charla informal con él, ya que incluso sus colaboradores más cercanos suelen referirse a él con el formal ‘Sie’. Esta imagen tan seria contrasta con sus intenciones políticas. Durante su campaña ha dejado claro que planea derogar el Subsidio Ciudadano, argumentando que no se debería recompensar el “no hacer nada”.
A pesar de su larga carrera dentro del partido y haber sido eurodiputado y diputado federal desde 1994, hay quienes dudan sobre cómo podría gestionar realmente un gobierno si llega al poder. Después de todo, ¿cómo enfrentará las diferencias con otros partidos? Su experiencia en el sector privado parece sólida; incluso llegó a presidir la filial alemana del fondo BlackRock. Pero ahora quiere retomar las riendas políticas tras haber estado fuera del juego durante años debido al ascenso de Angela Merkel.
Sin embargo, Merkel no le ha brindado ese apoyo firme que tanto necesita. De hecho, recientemente advirtió públicamente sobre el riesgo de acercarse demasiado a los votos ultra. En cuanto a las encuestas, las cosas no pintan bien: aunque todavía están en cabeza, han perdido impulso y ahora rondan el 27% de intención de voto según Yougov. Con este panorama tan complicado ante sí, Merz sabe que deberá buscar aliados si quiere alcanzar finalmente la gloria del cargo más alto del país.