En una noche que parecía tranquila, el cielo ucraniano se convirtió en escenario de un nuevo capítulo de la guerra desatada por la invasión rusa. Durante la madrugada de este lunes, las autoridades de Ucrania han afirmado que han logrado interceptar más de 80 drones lanzados por el ejército ruso, un ataque que nos recuerda lo lejos que estamos de ver la paz en esta región.
Una respuesta contundente ante el terror
La Fuerza Aérea ucraniana no ha perdido tiempo y ha informado a través de su cuenta oficial en Telegram que los rusos lanzaron cerca de 150 drones, pero gracias a sus esfuerzos, 83 fueron destruidos. Sin embargo, otros 59 drones “se perdieron durante su recorrido”, algo que, aunque suene positivo, no quita el dolor del conflicto.
Las provincias afectadas incluyen Kiev, Járkov, Poltava y Zaporiyia. Aunque no se han reportado víctimas mortales hasta el momento, ya hemos visto cómo una persona resultó herida en Borispil. El gobernador local, Mikola Kalashnik, nos hace saber que “no hay infraestructura crítica impactada”, pero eso no minimiza los daños materiales sufridos por varias viviendas y establecimientos.
A medida que los equipos de rescate trabajan incansablemente para mitigar las consecuencias del ataque considerado terrorista por muchos, también es importante mencionar la versión rusa. Desde el otro lado del frente, el Ministerio de Defensa ruso argumenta haber derribado un total de 90 drones, asegurando que sus sistemas antiaéreos están funcionando a plena capacidad. Según ellos, varios fueron destruidos sobre el mar de Azov y Crimea.
Mientras tanto, nosotros seguimos observando este tira y afloja entre dos naciones donde cada día trae consigo nuevas historias de valentía y resistencia. En tiempos tan oscuros como estos, lo único claro es que ambos lados están firmemente comprometidos con sus respectivos objetivos. La lucha continúa.