En Madrid, el 17 de febrero, se ha escuchado una voz que ha captado nuestra atención. Vasili Nebenzia, el representante de Rusia ante Naciones Unidas, lanzó una declaración que podría cambiar el rumbo de la guerra en Ucrania. «La fase caliente puede terminar pronto», dijo con cierta cautela, señalando al regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos como un posible catalizador para la paz.
Nebenzia se expresó durante una reunión del Consejo de Seguridad dedicada a conmemorar los diez años desde que se adoptó la resolución 2202, que busca poner fin a las hostilidades en Donbás. En sus palabras había un claro mensaje: «La diplomacia finalmente está tomando protagonismo». Pero también dejó caer una advertencia sobre las lecciones aprendidas tras años de conflicto: «El alto el fuego no garantiza que las tensiones desaparezcan por sí solas».
Un futuro incierto
Mientras Europa mira hacia Ucrania y algunos políticos ya piensan en cómo rearmar al país, el recuerdo de lo sucedido en Minsk pesa sobre todos nosotros. La guerra, que comenzó hace casi tres años con la invasión ordenada por Vladimir Putin, ha dejado cicatrices profundas y un panorama desolador. Pero tras la reciente conversación telefónica entre Putin y Trump surge una pizca de esperanza; ambos líderes han acordado iniciar conversaciones para poner fin a este largo conflicto.
Por lo tanto, mientras delegaciones rusas y estadounidenses se preparan para reunirse en Arabia Saudí este martes, nos preguntamos: ¿será este el momento decisivo que hemos estado esperando? La historia nos ha enseñado que hay mucho más en juego y que los caminos hacia la paz son tortuosos. Sin embargo, quizás esta vez haya motivos para soñar con un cambio real.