En una jornada marcada por la urgencia, los líderes europeos se reunieron el lunes en París, bajo la batuta del presidente francés, Emmanuel Macron. El ambiente estaba cargado de expectativa: todos coincidían en que hay que dar un paso adelante en el apoyo a Ucrania. Sin embargo, también dejaron claro que Estados Unidos no puede mirar hacia otro lado cuando se trata de garantizar la seguridad de Kiev.
Afrontando desafíos juntos
Esta cumbre no era cualquier encuentro. Tras las recientes maniobras diplomáticas de Donald Trump con Vladimir Putin, que amenazan con dejar a Europa fuera del juego, las voces alzadas fueron contundentes. Olaf Scholz, el canciller alemán, subrayó que Ucrania no debe aceptar una paz impuesta. «La situación es delicada; hay que hacer valer nuestras condiciones», afirmó con firmeza.
A pesar de las diferencias sobre el despliegue de tropas –un debate considerado prematuro por Scholz– se acordó algo vital: aumentar el gasto en Defensa hasta alcanzar al menos el 2% del PIB. Keir Starmer, primer ministro británico, destacó la necesidad de contar con la implicación estadounidense para disuadir futuros ataques rusos. «Debemos asegurarnos de que Ucrania esté lo más fuerte posible», insistió tras salir del encuentro.
Pese a estas aspiraciones compartidas, muchos líderes reconocen que Europa debe asumir un papel más proactivo. Donald Tusk, primer ministro polaco, argumentó sobre la nueva fase en las relaciones transatlánticas y afirmó que es hora de que Europa fortalezca su capacidad de autodefensa. La unanimidad respecto al aumento del gasto militar fue palpable entre los asistentes.
Mette Frederiksen, primera ministra danesa, puso sobre la mesa una advertencia: «Un alto el fuego podría ser solo una trampa para Rusia». Y Pedro Sánchez hizo eco de este sentimiento: «No podemos permitirnos otro cierre en falso como ocurrió con Crimea».
A medida que avanzaban las conversaciones y se vislumbraban posibles caminos hacia una paz duradera, Ursula von der Leyen reafirmó la importancia de respetar la independencia y soberanía ucraniana en cualquier acuerdo futuro. Así quedaba claro que mientras Europa busca un rumbo seguro para su defensa colectiva, cada uno sabe bien que esta misión requiere unidad y esfuerzo conjunto.