MADRID, 17 de febrero. En un mundo donde los conflictos parecen no tener fin, Rusia sigue avanzando en el este de Ucrania. Sin embargo, el ritmo ha cambiado; ya no es el frenético avance de 2024. Las fuerzas ucranianas no se quedan quietas y han lanzado su ofensiva en la región rusa de Kursk, donde han tomado el control de unos 500 kilómetros cuadrados. Es una jugada arriesgada para frenar los ataques enemigos y fortalecer su posición en este juego tan peligroso.
Terreno de Confrontación
Según un mapa elaborado con datos del Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW) y el Ministerio de Defensa del Reino Unido, podemos ver claramente las zonas que marcan la lucha entre ambos países desde que comenzó todo este lío con la invasión rusa el 24 de febrero de 2022. Antes de eso, ya había tensiones tras la anexión ilegal de Crimea en 2014 y los combates en Donetsk y Lugansk. Ahora mismo, Crimea sigue bajo control ruso, al igual que las regiones de Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia.
En Kursk, las fuerzas ucranianas están haciendo un movimiento calculado: controlar una franja del territorio como parte de su estrategia para contrarrestar los embates rusos en Járkov y Sumi. Lo que están llamando una “zona de seguridad” podría ser clave para futuras negociaciones con Moscú. Y ahí es donde entran las tropas rusas, que han estado recibiendo apoyo militar norcoreano, aunque parece que esa ayuda se ha reducido recientemente debido a las “fuertes pérdidas” sufridas.
A medida que la situación en el campo se complica cada vez más, delegaciones estadounidenses y rusas se reunirán este martes en Riad para hablar sobre sus relaciones bilaterales. El portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, ya ha adelantado que discutirán posibles avances sobre Ucrania. Pero ojo al dato: Volodimir Zelenski ha dejado claro que cualquier conversación sobre su país sin ellos no tiene sentido: “Ucrania no aceptará nada sin estar presente”. Así están las cosas mientras seguimos mirando hacia un futuro incierto.